Fideuram, la división de banca privada de Intesa Sanpaolo y gestora de unos 450.000 millones de euros en activos, fue víctima de un fraude de casi 95 millones de euros en febrero, después de que su personal fuera engañado mediante una voz generada por inteligencia artificial y una conversación falsificada en una aplicación de mensajería, según los detalles del caso que han ido saliendo a la luz en Milán.
El fraude comenzó el 23 de febrero, cuando el presidente de Fideuram, Paolo Molesini, recibió un mensaje de WhatsApp que aparentaba proceder de Carlo Messina, consejero delegado de Intesa Sanpaolo. El mensaje puso en marcha una cadena de instrucciones que llevó al director financiero de Fideuram a autorizar una transferencia de cerca de 95 millones de euros a cuentas en China y Hong Kong.
Una llamada telefónica reforzó el engaño. La voz al otro lado del teléfono había sido clonada para hacerse pasar por Paolo Nastasi, socio director de la oficina italiana del bufete A&O Shearman, la entidad resultante de la fusión entre Allen & Overy y Shearman & Sterling. El propio despacho no tuvo ninguna implicación en el fraude; su nombre y la voz de Nastasi se usaron sin su conocimiento.
Esfuerzos de recuperación
Fideuram presentó una denuncia a través del abogado Guido Alleva, lo que dio lugar a una investigación de los fiscales de Milán Alfonso Serritiello y Barbara Benzi. Mediante cooperación interbancaria, se han recuperado hasta ahora 53 millones de euros de los fondos sustraídos: un banco chino no identificado congeló y devolvió 40 millones de euros, mientras que un banco portugués bloqueó otros 13 millones después de que la jueza Sonia Mancini ordenara el embargo de los fondos.
Quedan 39,5 millones de euros sin localizar, que según los investigadores han sido convertidos en criptomonedas, lo que complica aún más su recuperación.
Molesini dejó la presidencia de Fideuram el 12 de marzo. El banco atribuyó su salida a motivos personales, sin establecer ningún vínculo explícito con el fraude.
Parte de un patrón más amplio
El caso Fideuram se inscribe en un patrón de fraudes habilitados por IA dirigidos contra tesorerías corporativas. En 2024, un empleado de la firma de ingeniería Arup transfirió 25 millones de dólares tras una videoconferencia en Hong Kong con participantes generados mediante deepfake. El FBI registró 2.770 millones de dólares en pérdidas vinculadas a estafas de transferencias bancarias en 2024 y recibió más de 22.000 denuncias relacionadas con IA, incluidas voces clonadas, en 2025, con pérdidas declaradas de 893 millones de dólares.
Italia ya ha registrado incidentes similares. Sisal perdió 5,5 millones de euros y Maire Tecnimont 18 millones de euros en esquemas comparables. El expresidente del Inter de Milán, Massimo Moratti, también fue objetivo de un engaño: una voz clonada que se hacía pasar por el ministro de Defensa italiano le llevó a enviar 1 millón de euros a Hong Kong y a los Países Bajos; casi toda esa cantidad fue finalmente devuelta.
Las fuerzas de seguridad ya han demostrado antes su capacidad para rastrear e incautar activos en criptomonedas vinculados a delitos de gran envergadura, incluida la recuperación por parte del FBI de 63,7 bitcoins del rescate de Colonial Pipeline en 2021 y la incautación por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos en 2022 de 94.636 bitcoins vinculados al hackeo de Bitfinex de 2016, valorados entonces en 3.600 millones de dólares. Está por ver si un rastreo similar podrá aplicarse a los fondos que aún faltan en el caso Fideuram.
El incidente se produce semanas después de que Intesa Sanpaolo revelara una posición de 100 millones de dólares en ETF al contado de Bitcoin, lo que subraya la creciente exposición del banco a los activos digitales, mientras una de sus filiales afronta pérdidas vinculadas a esa misma clase de activos.




